Call your right
You shouldn’t call your right to label yourself as sensitive when you don’t give a shit about your cold feet, or the promised calls you never did.
Clean start.
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Wilder Shores of Love

“Wilder Shores of Love”, de Cy Twombly, 1985; óleo, cera y lápiz sobre contrachapado.
Danza absoluta y extásica de la viscosidad del amor visceral.
Screaming fields of sonic love.
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Tags: 1985, cy twombly, Screaming Fields of Sonic Love, sonic youth, wilder shores of love
Qué sentido tiene hablar de algo
cuando no quieres decir nada,
o quieres contar mucho.
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Vendimia
Con el sol pegando en la nuca
y cauterizando los rasguños en las manos.
Las rodillas sucias
y los dedos chorreantes de sangre de merlot;
la uva estallando con el chasquido de cada tijeretazo perdido.
Las manos llenas
de sangre dulce y sudor.
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Primavera wakes up

Foto por Álex Sardà FF
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Tags: 09, 2009, Álex Sardà, Primavera Sound Festival
Out of tune equals beauty
Quizás algún día me anime a escribir una crónica del sábado 30 en el Primavera Sound Festival, pero ahora mismo me da mucha pereza.
Eso sí, no puedo quedarme sin decir que el concierto de Sonic Youth fue una de las experiencias más reveladoras, bestiales y explosivas de toda mi vida: la consciencia a cinco metros del suelo vibrando entre magma sónico y la certeza de que todo lo bello del mundo debe ser de esa forma, debe consistir en ruido y caos eléctrico desgarrando carne hasta llegar al alma.
En palabras del propio Thurston Moore: “Once in a while, guitars go out of tune. Then, everything that pops out is beautiful”.
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Tags: 09, 2009, belleza, caos, Mayo, Primavera Sound Festival, ruido, sábado 30, sonic youth, Thurston Moore
What we know
“What We Know”, Sonic Youth, de su reciente álbum “The Eternal”, Matador Records, 2009
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Tags: Later... with Jools Holland, matador records, sonic youth, The Promise, What we know
Llevaba toda la mañana haciéndolo. Al poco de descolgar el teléfono debía decirlo, una y otra vez. El ritual empezaba con la frase “Siento ser yo el que se lo diga, pero…” Él era el recepcionista del hotel y pensó que, ante esas circunstancias, debería haber un sobresueldo en alguna cláusula de su contrato. Pensó en comprobarlo al llegar a casa, pero al poco volvió a sonar el teléfono y desistió. De nuevo, alguien preguntaba por el cliente de la 508, el que se había suicidado de madrugada. Y, de nuevo, entre el murmullo de policias del vestíbulo, era él el encargado de dar las malas notícias. Esta vez se trataba de una llamada por negocios para el fallecido. No todas las llamadas de esa mañana habían sido, dentro de lo que cabe, tan ligeras. Su mujer había llamado. Su madre. Su hija mayor, de erasmus fuera del país. Todos y cada uno de ellos habían llamado, como cada mañana, para desearse un buen día, entre cafés y tostadas matinales; y a todos y cada uno de ellos él, el recepcionista, había sido el encargado de comunicar el trágico suceso.
Lo que al principio fue una experiencia emocionante y morbosa no tardó en convertirse en algo tedioso y repetitivo. Una llamada tras otra, todas similares. Llegó a confundir nombres, personas y voces. Daba igual. Era lo mismo, llamase quien llamase, llorase quien llorase. Al fin y al cabo, ¿qué importaba?
Poco a poco empezó a sentir el peso de una llamada tras otra. Conversación tras conversación, entre llantos, empezó a conocer al fallecido. Su madre le había hecho una tarta de manzana que jamás podría llegar a saborear. ¿Cuán trágico era eso? De repente, algo nuevo pasó por su cabeza. ¿Por qué se habia suicidado el cliente de la 508? Sintió que era una duda que no podía quedarse sin respuesta. Todos y cada uno de sus allegados se habían acordado de él esa mañana. Analizó de nuevo todas las llamadas que había recibido esa mañana; esa vida que, mediante fragmentos de voces rotas y engoladas, había conocido en las últimas seis horas. No llegó a ninguna conclusión. El cliente de la 508 parecía tener una vida perfecta; de perfección plástica y sintética.
Siguió pensando en ello durante el resto de su turno. Siguió pensando en ello de camino a casa en taxi y mientras veía sin mirar la televisión en su salón. Pensó en ello al acostarse, y no llegó a ninguna conclusión. Llevaba toda la mañana haciéndolo. Dando malas notícias.
Esa noche no pudo dormir. Esa noche lloró al muerto.
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